Cien años de oficio que hoy corren con IA.
Una casa de mudanzas que lleva más de un siglo moviendo la vida de la gente, y que decidió que la inteligencia artificial entrara a trabajar de verdad, no a decorar el folleto. Lo que ganaron fue ese salto sin perder un gramo de lo que les hizo durar.
Gil Stauffer no llegó a nosotros perdida ni con prisa por subirse a una moda. Llegó una empresa con más de cien años de oficio a la espalda y la cabeza muy clara, que veía venir la inteligencia artificial y no quería el adorno que muchos compran para decir que ya la usan. Quería que sumara de verdad, en el día a día de quien mueve un piano por una escalera y de quien cuadra una mudanza internacional desde la oficina, y por eso lo que pedían no era tecnología, sino que alguien decidiera con criterio dónde valía la pena meterla.
La inteligencia artificial es la puerta, la parte fácil de comprar. La sala, lo que de verdad cambia un negocio, es decidir dónde entra, en qué orden y con la gente preparada para usarla, porque la misma herramienta que multiplica cuando va donde duele se queda en gadget caro cuando se suelta sin rumbo. Ahí estuvo mi trabajo en Gil Stauffer, en mirar la casa entera antes de tocar nada y trazar el recorrido.
Decidimos empezar por donde el retorno se notaba antes y se podía sostener, formando primero a las personas para que la IA fuera una mano más y no un cacharro que nadie sabe encender. Sin ese orden, nada de lo que vino después se habría aguantado, porque automatizar sobre un equipo que no entiende la herramienta es escalar el ruido en lugar del trabajo.
El cambio se nota desde primera hora de la mañana. El equipo comercial tiene un ritual que ellos llaman su café con la IA, un rato en el que se sientan con un chat conectado a sus correos y sus tareas, le preguntan por dónde va el día y salen de ahí con la jornada ordenada y las prioridades claras. Esa misma herramienta los ayuda a hablar mejor con cada cliente, a responder antes y con más tino, que en un oficio donde mueves la casa entera de alguien la confianza lo es todo.
Puertas adentro, en administración, la inteligencia artificial se ha hecho cargo de cerca del ochenta por ciento de las tareas repetitivas, todo ese papeleo que antes comía horas y desgastaba a la gente sin aportar nada. Lo repetitivo lo lleva la máquina y las personas vuelven a lo que solo ellas pueden hacer.
Y en dirección está, para mí, lo más bonito. Hay dashboards que muestran en tiempo real qué mudanzas están en marcha en ese momento, nacionales e internacionales, cuánto cuesta cada una y qué margen real está dejando. Quien dirige Gil Stauffer puede responder en directo a la pregunta que todo el que manda un negocio debería poder contestar y casi nadie contesta sin echar cuentas a fin de mes, que es saber cuánto gana de verdad por cada cosa que vende. No es una intuición ni un informe que llega tarde, es el número, ahora, sobre la mesa.
Y lo que se ve hoy es solo lo que ya rinde, porque el recorrido sigue vivo hacia el almacén, para mejorar sus procesos y su seguridad, y hacia la logística de los camiones. Cada paso, igual que el primero, entra cuando toca y donde de verdad mueve la aguja.
de la administración, automatizada. El papeleo repetitivo lo lleva la IA, y el equipo vuelve a lo que solo hacen las personas.
el margen de cada mudanza, nacional o internacional, mientras está en marcha. Saben lo que gana de verdad cada servicio.
usando IA cada día. Del café con la IA de las mañanas a la oficina, una herramienta más en las manos de todos.
Durante años decidí sobre números que no sabía si eran del todo ciertos, y en una casa que mueve la vida de la gente desde hace más de un siglo eso pesa, porque firmas mudanzas y cuadras presupuestos con una duda que nunca termina de irse. Hoy sé a ciencia cierta qué cuesta cada mudanza y cómo se mueve el dinero, sin esa sombra detrás. Lo que más he notado es que trabajo con dos asistentes a los que les pido de todo, y como están conectados al corazón del negocio me devuelven el dato fiable que necesito para decidir con la cabeza despejada. Y lo mejor es que los tengo a la hora que sea, sin reloj que valga.
Gil Stauffer demuestra que la veteranía y la inteligencia artificial no compiten, se potencian. Una casa con más de un siglo de oficio que hoy se mueve con la cabeza más clara que nunca, porque a la experiencia de siempre le sumó criterio para usar lo nuevo.